Hay Festival Queretaro

Hay Festival Querétaro: ¿un festival de literatura, de ideas o de poder?

¿Qué hace un festival nacido en un pequeño pueblo de Gales en el corazón de Querétaro? Y, sobre todo, qué explica que después de once años siga regresando a una ciudad mexicana con escritores, periodistas, filósofos, músicos, científicos y políticos? La respuesta fácil sería hablar de literatura, cultura y diálogo; la respuesta más interesante obliga a mirar un poco más lejos. El Hay Festival Querétaro no es solamente una sucesión de conferencias ni una reunión anual de escritores famosos: es una maquinaria cultural que conecta libros con instituciones, autores con públicos, pensamiento con ciudad y prestigio cultural con recursos públicos y privados. En 2026, su undécima edición se celebra del 4 al 6 de septiembre y vuelve a ocupar distintos espacios de Querétaro, además de extenderse a Colón, Huimilpan y, mediante Hay Festival Presenta, a Morelia.

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Todo comenzó lejos de México

Hay algo casi novelesco en el origen del Hay Festival. Antes de convertirse en una marca cultural internacional, nació en Hay-on-Wye, una pequeña localidad de Gales famosa por sus librerías y por su relación casi obsesiva con los libros. La idea surgió alrededor de la familia Florence y de una conversación que terminó convirtiéndose en un acontecimiento cultural: el primer festival se celebró en 1988 y reunió a unas 2,200 personas entre una carpa y espacios improvisados. Lo que comenzó como una celebración local de escritores y lectores terminó desarrollando una fórmula que podía viajar: llevar conversaciones intelectuales fuera de los circuitos académicos tradicionales y convertir una ciudad entera en escenario para discutir el mundo.

La transformación fue considerable. El Hay Festival dejó de ser solamente “el festival de Hay” para convertirse en una red internacional de encuentros que pasó por Europa, América Latina y otros territorios. Su expansión no consistió únicamente en exportar una programación: exportó una idea de lo que podía ser un festival cultural. En lugar de encerrarse en un recinto, el modelo utiliza teatros, plazas, universidades, centros culturales y espacios públicos; en lugar de limitarse a la literatura, mezcla periodismo, política, ciencia, filosofía, música, tecnología y asuntos internacionales. En 2020, esa trayectoria recibió un reconocimiento particularmente significativo: el Hay Festival compartió con la Feria Internacional del Libro de Guadalajara el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, concedido por representar puntos de encuentro entre libros, escritores, lectores y cultura.

Pero aquí aparece la primera clave para entender el Hay Festival Querétaro: su éxito no depende exclusivamente de los libros. Los libros fueron el punto de partida, pero las conversaciones terminaron convirtiéndose en el verdadero producto cultural. Un escritor puede hablar de una novela, un periodista de una guerra, un filósofo del amor, una científica de inteligencia artificial o un urbanista de la ciudad; todos caben dentro del mismo dispositivo. Esa amplitud explica buena parte de su atractivo, pero también abre la pregunta que nos interesa: cuando un festival consigue reunir cultura, medios de comunicación, universidades, empresas, instituciones públicas y figuras internacionales en un mismo espacio, ¿seguimos hablando solamente de literatura o estamos ante una forma sofisticada de construir influencia cultural? El propio festival se define como un encuentro de cultura e ideas, no únicamente literario.

México no fue un accidente: Querétaro llegó después de otras ciudades

La historia mexicana del Hay Festival tampoco comenzó exactamente donde hoy lo conocemos. El informe oficial de la edición de 2016 señala que aquella primera edición queretana era ya la séptima realizada en México, después de experiencias anteriores en Xalapa y Ciudad de México. Esto es importante porque desmonta una versión demasiado cómoda de la historia: no fue simplemente que un festival británico descubriera Querétaro y decidiera instalarse allí. Hubo un proceso previo de experimentación y adaptación en México antes de que la ciudad queretana se convirtiera en su sede estable.

En 2016, el festival llegó al Centro Histórico de Querétaro con una propuesta que ya dejaba clara su ambición: no encerrarse en una definición estrictamente literaria, sino utilizar la cultura como punto de partida para discutir problemas contemporáneos. El propio informe de aquella primera edición mexicana en Querétaro registra esa intención y describe una programación dirigida a públicos de distintas edades. Desde entonces, la ciudad se convirtió en una pieza permanente de la estrategia internacional del festival y, con el paso de los años, la cita dejó de ser una novedad para convertirse en una tradición cultural de septiembre. El Sistema de Información Cultural de la Secretaría de Cultura registra actualmente a Querétaro como sede del festival y mantiene esa definición amplia que combina literatura, artes visuales, cine, música, geopolítica, periodismo y ciencia.

¿Por qué Querétaro? Esa es una pregunta mucho más interesante

La respuesta oficial puede hablar de cultura, infraestructura, público y colaboración institucional, pero la ciudad ofrece algo más difícil de medir: un escenario. El Hay Festival no llega a Querétaro para instalarse durante tres días detrás de las paredes de un centro de convenciones; utiliza la ciudad como parte de su propia narrativa. En 2026, el programa se reparte entre el Teatro de la Ciudad, la Cineteca Rosalío Solano, el Jardín Guerrero, el Patio de la Delegación del Centro Histórico y Casa Hay Festival-SURA, mientras que algunas actividades salen de la capital hacia Colón y Huimilpan. El festival, por tanto, no solamente ocurre en Querétaro: intenta que Querétaro sea parte de lo que ocurre.

Eso tiene consecuencias culturales y también políticas. Un festival internacional necesita lectores, sí, pero también necesita espacios, logística, promoción, infraestructura, permisos, alianzas, patrocinadores y una relación funcional con las instituciones de la ciudad. En la página oficial de la edición 2026 aparecen como patrocinadores principales el Gobierno del Estado de Querétaro y el Municipio de Querétaro, junto con otros aliados; además, Colón, Huimilpan y Morelia aparecen vinculados a apoyos específicos. No hay nada particularmente extraño en ello: los grandes festivales culturales rara vez sobreviven únicamente con la venta de boletos. Lo interesante comienza cuando observamos qué ocurre alrededor de ese dinero y de esas alianzas: ¿quién decide qué conversaciones llegan a una ciudad, qué voces adquieren visibilidad y qué imagen de Querétaro se proyecta hacia afuera?

El Hay Festival ya no necesita demostrar que puede traer escritores

Once años después, la cuestión ya no parece ser si Querétaro puede organizar un festival internacional. La pregunta es qué clase de festival quiere ser. La programación de 2026 resulta reveladora: aparecen escritores como Kiran Desai, María Dueñas, Emiliano Monge, Catherine Lacey y Jeremías Gamboa; periodistas como Alma Guillermoprieto, Óscar Martínez y Shaun Walker; filósofos como Darío Sztajnszrajber y Santiago Beruete; figuras vinculadas con democracia y actualidad como María Galindo, Carlos Moreno, Carissa Véliz y Gabriela Warkentin; además de músicos como Meme del Real y Vivir Quintana.

Y entonces cambia la naturaleza de la pregunta. Si un festival que nació alrededor de los libros termina hablando de inteligencia artificial, democracia, migración, violencia, urbanismo, feminismo, geopolítica, periodismo, pueblos originarios y tecnología, ¿qué está celebrando realmente? La edición 2026 parece responder sin decirlo explícitamente: está celebrando la conversación como una forma de intervención cultural. No se trata únicamente de presentar novedades editoriales, sino de reunir personas capaces de interpretar conflictos contemporáneos desde disciplinas diferentes. La presencia de Carissa Véliz, por ejemplo, no responde a una lógica de “literatura tecnológica”; su participación forma parte de una discusión mucho más amplia sobre inteligencia artificial, poder y aquello que entendemos por humanidad.

Y aquí aparece Kiran Desai

Entre todos los nombres de 2026 hay uno que permite entender especialmente bien la dimensión internacional del encuentro: Kiran Desai, escritora nacida en India y ganadora del Premio Booker. Su presencia no funciona solamente como reclamo para lectores: su propia trayectoria atraviesa geografías, lenguas, migraciones e identidades, justamente algunos de los temas que el festival ha decidido colocar en el centro de esta edición. Desai participará en Querétaro en una conversación sobre recuerdo e identidad, y el hecho de que haya vivido durante un periodo en México añade una conexión inesperada entre la autora y el país que ahora la recibe.

Por eso sería un error llamar a Kiran Desai “la invitada especial” como si el Hay Festival hubiera designado oficialmente a una única figura con ese título. No la ha designado así. Pero sí es razonable considerarla una de las grandes figuras internacionales de esta edición. Su presencia sirve, además, para entender qué pretende hacer el festival: colocar en una misma conversación memoria, territorio, identidad y literatura, y hacerlo en una ciudad mexicana donde esas discusiones adquieren inevitablemente otros significados. En otras palabras, Desai no llega solamente a presentar una trayectoria literaria; llega a formar parte de una conversación mucho mayor sobre quiénes somos, de dónde venimos y qué historias terminan convirtiéndose en memoria.

Y aquí es donde el Hay Festival comienza a ponerse realmente interesante. Porque detrás de los escritores famosos, las fotografías, los teatros llenos y las conversaciones sobre grandes temas existe otra historia: la de una organización cultural internacional que necesita instituciones, dinero, prestigio, patrocinadores, ciudades anfitrionas y acceso a públicos. Y en 2026 hay un detalle que merece detenerse a mirar: la presencia dentro del programa de una secretaria de Cultura del propio estado de Querétaro, algo que resulta especialmente llamativo porque el festival no suele incorporar funcionarios públicos a su programación. Ahí comienza la parte más incómoda de esta historia: cuando un festival de ideas se encuentra con el poder, ¿quién entrevista a quién?

Cuando la cultura necesita al poder

Hay una escena que resume mejor que cualquier discurso la relación entre el Hay Festival y Querétaro: un festival internacional nacido alrededor de los libros termina dependiendo de una compleja red de instituciones, gobiernos, universidades, empresas y patrocinadores para poder ocupar durante varios días teatros, plazas, universidades y espacios públicos de una ciudad. ¿Puede un encuentro cultural mantenerse completamente al margen del poder cuando necesita precisamente de él para existir a esta escala? La pregunta no es una acusación, sino el punto de partida para entender cómo funciona realmente este tipo de acontecimiento. En 2026, el propio Hay Festival identifica como patrocinadores principales al Poder Ejecutivo del Estado de Querétaro y al Municipio de Querétaro, mientras SURA aparece como socio para América Latina y otras instituciones respaldan las extensiones del festival en Colón, Huimilpan y Morelia.

El dinero también cuenta una historia

Durante años, la conversación alrededor del Hay Festival ha girado principalmente alrededor de sus escritores, periodistas y pensadores. Es lógico: son ellos quienes aparecen en los carteles, quienes llenan los teatros y quienes generan las fotografías que después circulan por periódicos y redes sociales. Pero un festival internacional no se sostiene únicamente con prestigio intelectual. Necesita producción, traslados, hospedaje, escenarios, comunicación, personal, tecnología, seguridad y una estructura capaz de coordinar decenas de actividades simultáneas. El propio festival reconoce entre sus objetivos la colaboración con instituciones, organismos y empresas privadas locales e internacionales para ampliar el impacto de su propuesta y aprovechar el festival en beneficio de la población local.

La historia de Querétaro muestra que esa relación institucional no es nueva ni accidental. Cuando se anunció la llegada del Hay Festival en 2016, el entonces presidente municipal Marcos Aguilar Vega habló de una inversión municipal de dos millones de pesos y de una expectativa de derrama económica de cien millones. El planteamiento dejaba ver desde el comienzo que el festival podía ser leído desde dos perspectivas distintas: como proyecto cultural y como herramienta de promoción urbana. No se trataba solamente de traer escritores a Querétaro; también había una expectativa económica alrededor de la llegada de visitantes y de la exposición de la ciudad.

El primer resultado fue suficientemente favorable para que las autoridades municipales y los responsables del festival acordaran prolongar la relación. Después de aquella primera edición, que registró 22 mil asistentes y 80 encuentros según reportes de la época, se firmó un convenio para mantener a Querétaro como sede. Incluso el dinero obtenido por entradas, 249 mil 760 pesos en aquella edición, fue destinado al DIF municipal para apoyar programas dirigidos a la infancia en situación de riesgo. Es un dato pequeño frente a las dimensiones actuales del festival, pero importante porque muestra que desde su origen queretano el encuentro fue presentado también como una iniciativa con retorno social, no simplemente como una celebración para lectores.

Querétaro encontró algo más que un festival: encontró una marca cultural

Aquí comienza una transformación que merece atención. Una ciudad no recibe durante once años un acontecimiento internacional de esta naturaleza solamente porque tenga un centro histórico atractivo. La permanencia requiere una relación institucional capaz de sobrevivir a los cambios de administraciones, funcionarios y prioridades políticas. En 2025, por ejemplo, el Municipio de Querétaro confirmó nuevamente su respaldo al festival como socio principal, mientras la Secretaría de Turismo y Cultura del Estado aparecía como socio gubernamental. Ese mismo año, el discurso oficial destacaba que el Hay Festival había contribuido a posicionar a la ciudad como punto de encuentro cultural internacional.

Y esa palabra —posicionar— resulta particularmente importante. Porque un festival de esta magnitud produce algo que no aparece fácilmente en una estadística de asistentes: reputación. Durante unos días, Querétaro deja de competir únicamente como destino turístico, ciudad industrial o patrimonio histórico y aparece asociado con escritores, periodistas, filósofos, científicos y debates internacionales. La cultura se convierte entonces en una herramienta de imagen urbana. Esto no significa que el festival sea únicamente una operación de marketing; sería una simplificación injusta. Significa que cultura y promoción territorial pueden convivir, y que precisamente esa convivencia explica parte de su permanencia. El propio Municipio define actualmente al Hay Festival como un espacio para descentralizar la cultura y propiciar el intercambio cultural.

El festival también aprendió a salir del centro

Si el Hay Festival hubiera permanecido exclusivamente en el Centro Histórico, la crítica sería más sencilla: un gran acontecimiento internacional concentrado en los espacios culturales más visibles de la ciudad. Pero el proyecto ha ido desarrollando otra estrategia. En 2026, la programación incluye actividades en Colón y Huimilpan, mientras el Hay Festival Comunitario se despliega por distintos puntos del estado y el Hay Festival Joven llega a universidades como la UAQ, el Tec de Monterrey, la Universidad Anáhuac y la UNAM ENES. La organización también mantiene actividades gratuitas y programas dirigidos a públicos infantiles y comunitarios.

Eso cambia la discusión. Si el festival solamente llevara a Kiran Desai, Alma Guillermoprieto o Darío Sztajnszrajber a los teatros del centro, podría acusársele fácilmente de construir una celebración cultural para una élite de lectores. Pero cuando aparecen talleres infantiles, universidades, municipios y espacios comunitarios, el proyecto intenta construir otra legitimidad: la de una cultura que sale de sus recintos habituales. La pregunta, sin embargo, sigue abierta. Llegar a más territorios no garantiza necesariamente llegar a más personas. Un programa puede multiplicar sus sedes y conservar, al mismo tiempo, una audiencia socialmente muy específica. Ese es uno de los asuntos que vale la pena investigar y no resolver con el lenguaje complaciente de los comunicados oficiales.

Y entonces ocurre algo inesperado: aparece un funcionario dentro del programa

Aquí la historia adquiere una pequeña grieta. El Hay Festival 2026 incluye a Ana Paola López Birlain, secretaria de Cultura del Estado de Querétaro, en una conversación titulada Soluciones cercanas: política desde lo local y regional, junto con Gustavo Fajardo y bajo la conducción de Primitivo Olvera. El tema no es literatura ni promoción cultural: es política pública y el papel de los gobiernos locales y regionales. La propia organización reconoció, según El Universal Querétaro, que normalmente no suele invitar funcionarios públicos a formar parte de su programación.

El dato merece atención precisamente porque rompe una costumbre. Durante las diez ediciones anteriores, de acuerdo con la información publicada por ese medio, los funcionarios queretanos podían aparecer en inauguraciones o actos institucionales, pero no formaban parte de las conversaciones del programa. En 2026 la frontera se modifica. No necesariamente para mal; tampoco necesariamente para bien. Pero cambia. Y cuando una institución cultural modifica una regla que ella misma ha mantenido durante años, lo razonable para un periodista no es emitir inmediatamente un juicio, sino preguntar por qué ocurrió y qué significa.

La cuestión adquiere mayor profundidad porque López Birlain no aparece allí como una figura política abstracta, sino como titular de la Secretaría de Cultura del Estado que participa en un festival respaldado institucionalmente por ese mismo gobierno. La conversación está planteada alrededor de las soluciones locales y regionales, y la presencia de la funcionaria puede interpretarse como una oportunidad para discutir directamente la relación entre cultura, territorio y gobierno. Pero también permite formular una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando el poder que financia o respalda un proyecto cultural comienza a ocupar también el escenario intelectual del proyecto? No es una prueba de subordinación; es una tensión que merece ser observada.

El Hay Festival no oculta que necesita alianzas

Hay otro elemento que suele perderse cuando se observa únicamente el programa de escritores. El festival no presenta su modelo como una estructura aislada del entorno institucional; por el contrario, declara abiertamente que busca alianzas con organismos, instituciones y empresas privadas. En 2026 esa arquitectura aparece incluso en la propia presentación del festival: gobierno estatal, municipio, SURA y distintos apoyos para las actividades territoriales. Es decir, el modelo no intenta esconder que la cultura contemporánea de gran escala funciona mediante redes de cooperación y financiamiento.

Y quizá ahí encontremos una de las claves de su supervivencia. El Hay Festival no es una feria comercial que necesite vender miles de libros para financiarse, ni una institución pública permanente que tenga un presupuesto garantizado por ley. Es otra cosa: una organización cultural internacional que llega a una ciudad, construye una programación, reúne aliados y convierte durante unos días el espacio urbano en una plataforma de conversación. Su fortaleza está precisamente en esa capacidad de conectar mundos que normalmente trabajan por separado. Pero esa misma fortaleza genera dependencia: cuantas más instituciones participan, más complejo resulta determinar dónde termina la colaboración y dónde comienza la influencia.

La pregunta que queda sobre la mesa

Por eso sería demasiado sencillo convertir al Hay Festival Querétaro en una historia de éxito cultural sin contradicciones. Hay razones objetivas para reconocer su permanencia: once ediciones, una programación internacional, expansión territorial, actividades comunitarias y universitarias y una capacidad evidente para colocar a Querétaro dentro del circuito cultural internacional. En 2026, además, el programa reúne más de 70 actividades y una nómina que combina literatura, periodismo, filosofía, música, ciencia y pensamiento contemporáneo. Pero precisamente porque el proyecto ha adquirido semejante dimensión, merece ser observado con una mirada más exigente que la de un simple calendario cultural.

El verdadero asunto no es si el Hay Festival es bueno o malo. Es mucho más interesante preguntarse qué clase de poder produce un festival cuando consigue reunir a escritores, intelectuales, medios de comunicación, universidades, empresas y gobiernos alrededor de una misma ciudad. El poder no siempre se presenta con un discurso político ni necesita ocupar una tribuna. A veces aparece en forma de patrocinio, de una invitación, de una sede, de una fotografía institucional o de la capacidad para decidir qué voces tendrán durante tres días un micrófono frente a miles de personas. Y precisamente por eso la edición 2026 ofrece una oportunidad excepcional para mirar al Hay Festival no solamente desde las páginas culturales, sino también desde la política cultural que lo hace posible.

RESUMEN

Cuando la cultura también construye poder

El Hay Festival Querétaro merece reconocimiento, pero precisamente por eso merece también una crítica mucho más severa que la que suele recibir. Después de once ediciones ya no resulta suficiente repetir que reúne escritores, periodistas, filósofos y artistas de prestigio internacional. El festival ha alcanzado una dimensión en la que la pregunta ya no es solamente qué autores consigue traer, sino qué intereses, instituciones y estructuras hacen posible que esos autores lleguen a Querétaro. La edición 2026 reúne más de 90 participantes de diez países y más de 70 actividades; el problema no es la magnitud del programa, sino que cuanto mayor es la maquinaria cultural, mayor debería ser también la transparencia sobre cómo funciona.

La organización tiene un mérito indiscutible: consiguió convertir una ciudad mexicana en una parada reconocible del circuito internacional de las ideas. Pero hay algo incómodo detrás de ese éxito. El festival se presenta como espacio de conversación, pensamiento crítico y compromiso social, mientras su supervivencia depende de una red de gobiernos, empresas, fundaciones, universidades y organismos internacionales. En 2026, el propio programa identifica al Poder Ejecutivo del Estado de Querétaro y al Municipio de Querétaro como patrocinadores principales, mientras SURA aparece como aliado para América Latina y otras instituciones respaldan proyectos específicos. Esto no convierte automáticamente al festival en propaganda ni invalida su programación; pero sí obliga a preguntar cuánto sabemos realmente sobre esa arquitectura de poder.

Y aquí está la crítica que los organizadores deberían aceptar: un festival que pretende enseñarnos a pensar críticamente no puede pedir que suspendamos nuestro pensamiento crítico cuando hablamos del propio festival. Resulta cómodo hablar de democracia, desigualdad, violencia, inteligencia artificial, derechos humanos o poder político cuando quienes ocupan el escenario son escritores e intelectuales; resulta bastante más incómodo aplicar esas mismas preguntas a la institución que organiza el escenario. ¿Quién financia? ¿Quién decide? ¿Quién selecciona? ¿Qué criterios determinan quién obtiene una conversación de una hora ante un público internacional y quién permanece fuera del programa? Esas preguntas no destruyen al Hay Festival. Al contrario: son las preguntas que un festival de ideas debería ser capaz de soportar.

El problema no es que haya dinero público; el problema es no discutirlo

Sería infantil atacar al Hay Festival simplemente porque recibe apoyo público. Los grandes acontecimientos culturales necesitan infraestructura, espacios, logística, seguridad, promoción y financiación. Pretender que un festival internacional pueda funcionar únicamente con la venta de boletos sería desconocer cómo opera la cultura contemporánea. Además, el programa general de 2026 tiene entradas de apenas 10 pesos, mientras existen numerosas actividades gratuitas dentro de Hay Festival Joven, Hay Festival Comunitario y las actividades en Colón y Huimilpan.

Pero precisamente porque existe dinero público y porque las autoridades participan en la construcción del acontecimiento, la discusión debería ser mucho más rigurosa. El festival no es solamente un producto cultural privado que llega a una ciudad y se marcha tres días después. Es también una operación de política cultural y de imagen urbana. Querétaro obtiene visibilidad internacional; los gobiernos obtienen una plataforma cultural de enorme valor simbólico; los patrocinadores se asocian con literatura, pensamiento y prestigio; los autores obtienen audiencia; los medios obtienen contenidos. Todos ganan algo. Y cuando todos ganan algo, el periodismo tiene la obligación de preguntar qué intercambio se está produciendo.

La contradicción más interesante está dentro del propio programa

Hay un detalle de la edición 2026 que resulta imposible ignorar. Ana Paola López Birlain, secretaria de Cultura del Estado de Querétaro, participa directamente en el programa, en una conversación titulada Soluciones cercanas: política desde lo local y regional, junto con Gustavo Fajardo y bajo la conducción de Primitivo Olvera. La propia ficha oficial explica que hablarán sobre el papel de los gobiernos locales y regionales y las políticas de desarrollo.

Esto no significa que la funcionaria no deba participar. Puede ser una conversación perfectamente legítima y hasta necesaria. Lo interesante es que el propio antecedente del festival hacía de esta presencia algo poco habitual: según información publicada por El Universal Querétaro, la organización no suele incluir funcionarios públicos en su programación. Por eso el cambio merece ser observado. Si el Hay Festival abre su escenario a un representante directo del gobierno que participa en su estructura de apoyo, debería explicar con absoluta claridad cuáles fueron los criterios de selección y cómo se preserva la independencia editorial. No basta con decir que existe libertad de programación; cuando cultura y poder comparten recursos y escenario, la transparencia no debería ser opcional.

Y hay otra pregunta todavía más incómoda

¿El Hay Festival democratiza la cultura o democratiza el acceso a una cultura previamente seleccionada por una élite cultural?

La diferencia no es menor. El festival puede ser barato y, sin embargo, no ser completamente democrático. Puede costar diez pesos y continuar siendo un acontecimiento principalmente atractivo para personas que ya tienen interés por la literatura, el periodismo, la filosofía o la cultura. La gratuidad elimina una barrera económica, pero no elimina automáticamente las barreras educativas, sociales, geográficas o culturales. El Hay Festival parece consciente de ese problema y por eso ha desarrollado programas comunitarios, infantiles y universitarios. En 2026, por ejemplo, Hay Festival Joven tiene actividades gratuitas en distintas universidades y Hay Festival Comunitario ofrece programación para niños y familias.

Pero aquí habría que exigir datos y no solamente buenas intenciones: ¿cuántas personas de esos programas regresan después a una conversación del programa general?, ¿qué porcentaje del público procede realmente de comunidades alejadas del circuito cultural?, ¿qué impacto tiene el festival sobre hábitos de lectura?, ¿cuántos nuevos lectores produce? Sin esas cifras, “acercar la cultura” corre el riesgo de convertirse en una frase promocional imposible de comprobar.

El Hay Festival tiene otro problema: puede convertirse en una fábrica de prestigio

Hay algo fascinante y peligroso en estos grandes encuentros culturales: la concentración de nombres famosos produce prestigio por acumulación. Kiran Desai, Alma Guillermoprieto, María Dueñas, Darío Sztajnszrajber, María Galindo, Carissa Véliz, Emiliano Monge, Vivir Quintana, Meme del Real y otros participantes no necesitan que el Hay Festival les conceda legitimidad; muchos ya la poseen. Pero al reunirlos bajo una misma marca, el festival construye a su vez una enorme reserva de legitimidad para sí mismo.

Eso convierte al Hay Festival en algo más complejo que un encuentro literario. Es también una marca cultural. Y una marca cultural funciona mediante asociaciones: prestigio del autor, prestigio del periodista, prestigio de la universidad, prestigio del patrocinador, prestigio de la ciudad. El peligro aparece cuando el prestigio termina sustituyendo a la discusión. Un cartel lleno de nombres importantes no garantiza necesariamente pensamiento crítico. Puede producir simplemente una extraordinaria colección de fotografías, titulares y frases compartibles.

La edición 2026, sin embargo, tiene conversaciones que escapan claramente de esa lógica superficial. La discusión sobre el poder en la era de la inteligencia artificial, por ejemplo, plantea abiertamente cómo la tecnología está concentrando poder económico, político e ideológico. También hay conversaciones sobre desapariciones forzadas, democracia, violencia, feminismo, migración y territorio. El reto será que esas conversaciones no terminen convertidas únicamente en consumo cultural de tres días.


FAQ: las preguntas incómodas sobre el Hay Festival Querétaro

¿Qué es el Hay Festival Querétaro?

Es un festival internacional de cultura e ideas que reúne literatura, periodismo, filosofía, ciencia, música, tecnología, política y otras disciplinas. En 2026 celebra su undécima edición del 4 al 6 de septiembre. El programa oficial contempla más de 90 participantes de diez países y más de 70 actividades.

¿El Hay Festival Querétaro es realmente un festival literario?

No exclusivamente. La literatura continúa siendo uno de sus pilares, pero su programación incluye también filosofía, periodismo, política, ciencia, tecnología, música, derechos humanos, género, pueblos originarios, medioambiente y otros campos. Esa amplitud es precisamente una de sus principales diferencias frente a una feria tradicional del libro.

¿Quién es la invitada especial del Hay Festival Querétaro 2026?

El festival no designa oficialmente a una única “invitada especial”. Sin embargo, Kiran Desai es uno de los nombres internacionales más destacados de la edición 2026. La ganadora del Booker Prize participará el sábado 5 de septiembre en una conversación con Daniel Pardo sobre recuerdo e identidad.

¿Kiran Desai ganó el Premio Booker?

Sí. Kiran Desai ganó el Booker Prize en 2006 por The Inheritance of Loss, publicada en español como El legado de la pérdida. Su presencia en Querétaro es especialmente interesante porque su trayectoria está marcada por cuestiones de identidad, migración y pertenencia.

¿Quién financia el Hay Festival Querétaro?

La estructura de apoyo es mixta. Para 2026, el sitio oficial identifica como patrocinadores principales al Poder Ejecutivo del Estado de Querétaro y al Municipio de Querétaro; también aparecen SURA y distintos organismos como apoyos de programas y sedes específicas.

¿El apoyo del gobierno significa que el Hay Festival es un evento político?

No necesariamente. Que un gobierno financie o apoye un proyecto cultural no demuestra por sí mismo que controle sus contenidos. Pero sí hace legítimo preguntar por las reglas de independencia editorial, los criterios de selección y la relación entre patrocinadores y programación. Esa es una cuestión de transparencia, no una acusación.

¿Por qué es polémica la participación de Ana Paola López Birlain?

Porque la secretaria de Cultura del Estado de Querétaro participa directamente en una conversación del programa sobre política local y regional. La propia ficha oficial identifica su cargo. La cuestión periodística no es si puede hablar, sino por qué se decidió incorporar a una funcionaria pública al programa y cómo se garantiza la independencia del festival cuando existe una relación institucional entre gobierno y organización.

¿Cuánto cuesta asistir?

El programa general de 2026 establece entradas de 10 pesos mexicanos. Además, existen numerosas actividades gratuitas en Hay Festival Joven, Hay Festival Comunitario y en Colón y Huimilpan.

¿El Hay Festival es gratis?

No completamente. El programa general tiene entradas, aunque son de 10 pesos, mientras que buena parte de las actividades comunitarias y universitarias son gratuitas.

¿Dónde se realiza?

Entre sus principales espacios están el Teatro de la Ciudad, la Cineteca Rosalío Solano, Jardín Guerrero, Casa Hay Festival-SURA y el Patio de la Delegación del Centro Histórico. El programa también se extiende a Colón y Huimilpan.

¿Hay actividades para jóvenes?

Sí. Hay Festival Joven ofrece un programa gratuito en universidades, con actividades en instituciones como la UAQ, UNAM Juriquilla, Tec de Monterrey y Universidad Anáhuac.

¿Hay actividades para niños?

Sí. Hay Festival Comunitario incluye actividades infantiles gratuitas, como cuentacuentos, talleres de ilustración y otras actividades para familias.

¿El Hay Festival compite con las ferias del libro?

No exactamente. Una feria del libro está mucho más vinculada con la industria editorial, venta de libros, editoriales y presentaciones. El Hay Festival privilegia las conversaciones entre autores, intelectuales, periodistas, científicos y artistas. Su producto principal no es el libro: es la conversación alrededor de las ideas.

¿Entonces qué vende realmente el Hay Festival?

Una respuesta incómoda sería: vende acceso al prestigio cultural. El público compra —por un precio simbólico— la posibilidad de escuchar a personas que normalmente aparecen en periódicos, libros, universidades o medios internacionales. La organización, a cambio, construye una marca cultural global asociada con esas figuras.

¿El Hay Festival ha beneficiado a Querétaro?

Hay argumentos para sostener que sí: lleva once años en la ciudad, utiliza espacios públicos y culturales, atrae participantes internacionales y extiende actividades a otros municipios y universidades. Pero una evaluación seria debería ir más allá de número de asistentes y nombres famosos: tendría que medir impacto turístico, económico, educativo, hábitos de lectura, participación comunitaria y retorno de la inversión pública.

¿Cuál es la principal crítica que se le puede hacer al Hay Festival?

Que ha construido una poderosa imagen de independencia intelectual sin que el debate público sobre su financiación, alianzas y criterios de selección tenga la misma visibilidad que sus invitados. No significa que exista manipulación. Significa que una organización cultural de esta magnitud merece ser examinada con la misma mirada crítica que recomienda aplicar al poder.


PROGRAMA DE HAY FESTIVAL QUERETARO

Calendario del Hay Festival Querétaro 2026

El programa oficial comprende más de 70 actividades, por lo que no sería responsable convertir aquí todo el calendario en una lista interminable sin contexto. El sitio oficial permite consultar el programa completo por fecha, sede y temática.

Viernes 4 de septiembre

Entre las actividades destacadas aparecen:

  • Darío Sztajnszrajber — El amor es imposible — Hay Festival Joven.
  • María Galindo — Feminismos: militar, provocar, actuar — UAQ.
  • Liliana Blum — conversación sobre Pandora y la naturaleza humana — Universidad Anáhuac.
  • Cristina Monge — Contra el descontento — UAQ.
  • Jesús Ramírez-Bermúdez — Donde inicia la creatividad — UNAM ENES.
  • Pedro Salazar Ugarte — El poder en la era de la IA — UAQ.
  • Connie Garrido Sicilia, Natalia Toledo y Elaine Vilar Madruga — Nuevos sueños americanos — Casa Hay Festival-SURA.

Sábado 5 de septiembre

Es uno de los días más fuertes de la edición:

  • Alma Guillermoprieto en conversación con Javier Lafuente.
  • Emiliano Monge en conversación con Enrique Díaz Álvarez.
  • Shaun Walker — Los ilegales.
  • María Galindo en conversación con Natalia Toledo.
  • Pol Guasch, Iveth Luna Flores y Manuel Marsol — Recuerdos de un padre.
  • Kiran Desai en conversación con Daniel Pardo — Conversaciones sur a norte: entre el recuerdo y la identidad.
  • Gilraen Eärfalas — recital De anatomía poética.

Domingo 6 de septiembre

La jornada de cierre reúne varias de las conversaciones más interesantes:

  • Carlos Moreno — Querétaro: ¿ciudad de los 15 minutos? — Teatro de la Ciudad.
  • Enrique Díaz Álvarez y Cristina Monge — En contra de lo intolerable.
  • Pedro Salazar Ugarte y Carissa Véliz — Cuadernos hispanoamericanos.
  • Jeremías Gamboa, Catherine Lacey y Gwendoline Riley — Renglones torcidos.
  • Meme del Real en conversación con Sopitas — Un vuelo por la montaña.
  • Yásnaya Elena A. Gil y Cristina Bendek — Otras historias del Archivo de Indias.
  • Ana Paola López Birlain y Gustavo Fajardo — Soluciones cercanas: política desde lo local y regional.
  • Darío Sztajnszrajber — ¿Y si el amor es imposible? — Teatro de la Ciudad, 18:30.

Programas paralelos

Además del programa general, hay tres extensiones que conviene no perder de vista:

Hay Festival Joven: actividades gratuitas para universitarios en distintas instituciones.

Hay Festival Comunitario: actividades gratuitas para niños y familias, especialmente en Alameda Hidalgo y otros espacios comunitarios.

Colón y Huimilpan: actividades gratuitas que llevan parte de la programación fuera de la capital queretana.

Programa oficial completo: Consultar el calendario completo Hay Festival Querétaro 2026

La conclusión crítica, para mí, es bastante clara: el Hay Festival merece ser cubierto, pero no venerado. Precisamente porque tiene dinero, instituciones, prestigio, escritores internacionales y capacidad para definir una parte importante de la conversación cultural de una ciudad, merece preguntas más duras. El verdadero periodismo no consiste en repetir quién viene a Querétaro; consiste en averiguar quién construye el escenario, quién paga por él, quién decide quién sube y qué ocurre cuando quienes financian la conversación también empiezan a formar parte de ella.

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