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¿Por qué una novela escrita en México, Colombia, Argentina o Chile puede encontrar antes una puerta de entrada en Madrid o Barcelona que en otro país de América Latina? ¿Cómo es posible que un continente que comparte una lengua y una tradición literaria tenga tantas dificultades para hacer circular sus propios libros? La respuesta no está necesariamente en que España tenga mejores escritores, mejores novelas o lectores más interesados, sino en algo menos romántico y bastante más decisivo: la arquitectura de la industria editorial. España concentra buena parte de los grandes grupos, agencias literarias, redes de distribución, compraventa de derechos y conexiones internacionales del mercado del libro en español. Un estudio académico sobre las agencias literarias latinoamericanas sostiene incluso que la representación de un autor por una agencia con suficiente capital simbólico puede convertirse en un paso prácticamente inevitable hacia la internacionalización, y señala a Barcelona como el modelo histórico por excelencia.

Para entender esta anomalía hay que abandonar, por un momento, la imagen del escritor encerrado en su estudio y mirar el mapa empresarial que existe detrás de cada novela. Un libro no viaja simplemente porque sea bueno: necesita contratos, distribución, librerías, agentes, derechos territoriales, traducciones, promoción y, sobre todo, alguien dispuesto a asumir el riesgo económico de llevarlo hasta otro lector. En ese terreno, España construyó durante décadas una infraestructura particularmente poderosa. Grupo Planeta, por ejemplo, opera actualmente con más de 70 sellos en España y América Latina, mientras Penguin Random House mantiene una presencia multinacional que permite que determinados autores circulen dentro de distintas filiales y mercados. Liber, la feria internacional del libro que se celebra en Barcelona, reúne precisamente a editores, agentes, distribuidores, compradores de derechos y profesionales de Europa y América Latina. La novela puede haber nacido en Bogotá; el negocio que decide hasta dónde viajará puede comenzar en Barcelona.

El origen de esta concentración tampoco puede separarse de una mujer cuyo nombre cambió la historia de la literatura en español: Carmen Balcells. Desde Barcelona, Balcells construyó a partir de los años sesenta una agencia que representó a Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Pablo Neruda y otros escritores fundamentales del Boom, transformando la relación económica entre autores y editoriales y favoreciendo la proyección internacional de sus obras. Los Archivos Españoles describen su agencia como una institución dedicada a representar escritores españoles y latinoamericanos para promover sus obras tanto en España como en el exterior; la propia agencia señala que su trabajo contribuyó decisivamente a la expansión internacional de la literatura hispanoamericana. El asunto importante, sin embargo, no es convertir a Balcells en una explicación universal del presente, sino entender la infraestructura que dejó detrás: Barcelona aprendió a funcionar como intermediaria entre los escritores latinoamericanos y un mercado editorial mucho más amplio que el español.

Pero aquí aparece una de las paradojas más incómodas del sistema. América Latina tiene enormes mercados editoriales, grandes ciudades lectoras y una tradición literaria que ha producido algunas de las obras fundamentales del español; sin embargo, durante mucho tiempo la circulación de libros dentro de la propia región ha sido extraordinariamente fragmentada. El País documentó el caso de libros publicados en un país latinoamericano que tenían dificultades para llegar al país vecino y señaló que una novela publicada por un sello internacional en Bogotá podía no salir de Colombia si la misma editorial no la programaba desde Madrid. Penguin Libros ha descrito igualmente un modelo en el que, para determinados grupos editoriales, un libro debe editarse primero en España antes de aprobar su distribución en América Latina. La paradoja resulta difícil de ignorar: un escritor latinoamericano puede necesitar cruzar el Atlántico para que su novela tenga mejores posibilidades de cruzar después las fronteras de su propio continente.

Sin embargo, sería demasiado fácil convertir esta historia en una simple disputa entre España y América Latina. El mapa está cambiando. En las últimas décadas han aparecido agentes, editoriales independientes y ferias capaces de redistribuir parte del poder que antes estaba mucho más concentrado; la FIL Guadalajara, por ejemplo, cuenta con un Salón de Derechos dedicado específicamente a conectar editoriales, agencias, editores y compradores de derechos de Iberoamérica. Editoriales como Sexto Piso, nacida en Ciudad de México y con sede española desde 2005, han construido precisamente una circulación en ambos sentidos; Almadía, desde Oaxaca, abrió también una operación en Madrid para llevar autores latinoamericanos al mercado español. El movimiento empieza, por tanto, a ser menos unidireccional: España sigue siendo un centro de gravedad, pero ya no es el único lugar desde donde puede construirse la carrera internacional de un escritor latinoamericano.